Decirme, ¿No habéis sentido nunca ese trastorno del sentido del equilibrio que hace que todo lo que está a tu alrededor sea aún más rotatorio de lo normal?
Ese vértigo que sólo se puede comparar a caminar por un fino cordel llevando unos zapatos de la nueva colección de A. Mcqueen.
Es una sensación insufriblemente placentera. Y a mi, me encanta padecerla.




